Alcalá de Henares, miércoles, 21 de agosto de 2019

Un profesor de la UAH pone luz a la situación de los enfermos en el proceso del exilio republicano a Francia, que ha cumplido 80 años

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Un profesor de la UAH pone luz a la situación de los enfermos en el proceso del exilio republicano a Francia, que ha cumplido 80 añosEste año se ha conmemorado el 80 aniversario de lo que se denomina ‘La Retirada’, término que define la partida hacia Francia de cerca de 500.000 españoles, civiles y militares, en febrero de 1939, tras la caída del frente en Cataluña.

Son los niños, los ancianos y las mujeres, miles de ellos, que sobrepasaron la línea y fueron distribuidos a través del 80% del territorio francés en ese momento. Son los trenes hospital que llevaron hasta la frontera a más de 13.000 heridos y enfermos de la retaguardia, que permanecieron durante días hacinados, a la espera de que nuevos trenes franceses les pudieran conducir por el nuevo ancho de vía. Son los miles de refugiados que acabaron en los campos de concentración donde, como señala Mirón, ‘es imposible calcular el número de muertos, pero es claro que cada día morían personas, a las que se lanzaba al mar o eran enterradas bajo la arena, según han relatado los testigos’.

Mirón dice que la respuesta, también con los enfermos, fue lenta y a destiempo. ‘Tal vez el Gobierno de la III República era consciente de que se avecinaba la avalancha, pero no supo o pudo medir las consecuencias, así que este macro movimiento migratorio, concentrado en apenas 3 semanas, superó las previsiones: mujeres, niños y ancianos fueron repartidos por el 80% del territorio francés y fueron atendidos de forma desigual, según el lugar y las políticas de atención establecidas en el lugar de llegada. En muchas ocasiones eran las propias enfermeras españolas que viajaban con los exiliados las que se ocupaban de los enfermos y otras veces eran atendidos por los sanitarios de las inspecciones departamentales de higiene, dependiendo de los recursos disponibles’.

Las circunstancias fueron distintas según si el lugar de destino fue rural o urbano. En el primer caso, los exiliados se alojaban en casas de particulares; en el segundo caso, en grandes instalaciones públicas, como polideportivos o salas locales de fiesta. ‘Los centros de alojamiento se asemejaban a campos de concentración del sur de Francia, más que a centros de atención a refugiados. Por otra parte, en el contexto rural la respuesta fue dispar, porque para un sector de la población francesa la llegada de los republicanos españoles era una amenaza’, dice Mirón.

Una amenaza para las ideas y también para la salud: ‘inicialmente, se procedió a realizar una atención sistemática de prevención en la frontera, se establecieron cuarentenas y se mantuvieron medidas preventivas de infección; pero pronto las vacunas se agotaron y las cuarentenas fracasaron por falta de medios y los distintos colectivos fueron atendidos en los lugares de destino, con los recursos propios de las localidades. Se generaron epidemias e infecciones’.

Hay otro colectivo importante que requiere asistencia: los más de 13.000 heridos del frente de Cataluña. La mayoría fueron evacuados en trenes hospitales desde la retaguardia catalana y, cuando llegaron a la frontera, con el cambio de vía, hubo que evacuarlos del tren español y esperar a que llegaran los trenes franceses. ‘Al final, esta situación provocó un hacinamiento de heridos en las fronteras, a la espera de la evacuación francesa. Se evacuaron por toda la geografía francesa en hospitales civiles y viejas iglesias y orfanatos se habilitaron como hospitales. Aunque lo que logró aliviar la crisis sanitaria, desde un punto de vista cuantitativo, fueron 4 barcos hospitales anclados en los puertos de Marsella y Port-Vendres’.

La respuesta existió, pero fue tardía. ‘Llama la atención que los primeros que se establecen en la frontera son enfermeras de la Cruz Roja francesa, por iniciativa propia, un día antes de que el Ministerio del Interior de la III República emitiera las primeras indicaciones de cómo actuar, pero se trata de medidas muy escuetas; hay que esperar a mediados de febrero, ya con los militares controlando la situación, para la adopción de otras medidas. Los hospitales provisionales no se regulan hasta marzo, cuando ya están en pleno funcionamiento. Es decir, la población y los voluntarios de las organizaciones respondieron, pero el gobierno francés llegó tarde, por detrás de la iniciativa civil’, dice el profesor de la UAH que lleva más de 10 años investigando en este asunto, primero en el grupo Surclío de la Universidad de Almería y ahora también en la Universidad de Alcalá.

La pregunta es ¿aprendimos algo de todo aquello? ‘Las respuestas a este tipo de movimientos siguen siendo las mismas hoy día: la población civil se adelanta a los Estados a la hora de prestar asistencia, los refugiados son ‘devueltos’ a sus países o viven en los campamentos en condiciones ínfimas’.                     

La investigación de Mirón continúa, ahora ya más centrada en el camino recorrido por más de 500 enfermeras, en su mayoría, exiliadas, que también atravesaron la línea, buscando un nuevo horizonte. Bien por depuración, bien huyendo de la represión. Pero casi todas con una formación laica, con origen en la II República española.

 

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