Alcalá de Henares, sábado, 22 de julio de 2017

La muerte del rey Juan I de Castilla

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El día 9 de octubre de 1390, estando el rey don Juan I de Castilla en Alcalá, se decidió realizar en su honor una demostración de ejercicios ecuestres a cargo de los caballeros "farfanes", cristianos al servicio del rey de Marruecos.

La muerte del rey Juan I de CastillaCincuenta caballeros, deseosos de mostrar su agradecimiento al rey por haber conseguido éste su repatriación, formarían el grupo que exhibiría sus habilidades con los caballos y las lanzas.

Tras escuchar la misa celebrada por el arzobispo don Pedro Tenorio, la comitiva salió por la Puerta de Burgos para dirigirse al lugar donde tendría lugar el espectáculo. En ello estaban cuando el caballo que montaba el rey sufrió un tropiezo, dando con él en el suelo donde Juan I quedó muerto.

El revuelo causado por tal accidente fue aprovechado por el arzobispo Pedro Tenorio que, acercándose al cuerpo y tomándolo en sus brazos, anunció que el rey estaba mal herido y que su estado hacía imposible su traslado. Por todo ello, ordenó que se levantara una tienda allí mismo, donde el monarca recibiría la atención médica necesaria.

El arzobispo con esta estratagema ganó el tiempo necesario para conseguir, con la ayuda de la reina, la sucesión pacífica de Enrique III, el hijo primogénito del rey, que entonces contaba, en aquellas fechas, con once años de edad.

Sólo una vez conseguidos la obediencia a la reina y el juramento de obediencia al príncipe se dio noticia de la muerte del rey y se trasladó su cadáver a la capilla de los Reyes Nuevos de la Catedral de Toledo, donde se le dio cristiana sepultura.

Y así fue como, gracias a la astucia del obispo, se evitaron muchas muertes y consiguió llegar al trono el joven príncipe.

 

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