Alcalá de Henares, viernes, 28 de julio de 2017

Recinto Amurallado

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Alcalá de Henares ha sido una villa amurallada casi desde sus comienzos. Ya en tiempos de los árabes existió en la zona alta, entre la ladera occidental del Ecce Homo y la orilla izquierda del Henares, un castillo del que han llegado a nuestros días algunos restos.

Posteriormente, una vez reconquistada la ciudad por los cristianos, se procedió, no sólo a reforzar las defensas árabes, sino que se construyó, a lo largo de diferentes periodos, una fuerte defensa en la zona en la que comenzó a asentarse la población que repobló la ciudad. De este sistema defensivo hoy sólo nos queda el tramo que rodea el recinto del Palacio Arzobispal.

Pedro Tenorio, prelado que se caracterizó por sus obras militares, reforzará las defensas de la ciudad en el siglo XIV, conservándose hoy en día tres torreones con su escudo. Uno de ellos,el más bello, lleva precisamente su nombre.

Este último torreón, que separa la plaza de las Bernardas de la plaza del Palacio, está decorado con saeteras y matacanes que nos recuerdan su origen defensivo. También posee, debido a la reforma de Manuel Laredo, un curioso balcón decimonónico de estilo tudor que lo une al ala del salón de concilios.

Don Pedro dotó al Palacio Arzobispal, que reconstruye casi completamente, de un patio de armas de base aproximadamente rectangular y de más de dos hectáreas de superficie y lo rodea con una fuerte cerca de 21 torreones de los que hoy en día quedan solamente 16, algunos con inscripciones de lápidas procedentes de Complutum, como las que aparecen en el torreón, restaurado a lo largo de 1997 y 1998, que se encuentra frente al del arzobispo Tenorio.

Todo ellos son de planta rectangular, salvo la de planta semicircular, que mira a la calle Andrés Saborit, próxima a la base de la demolida torre albarrana, que era de planta pentagonal. Esta fue destruida en el año 1834 para usar sus piedras como material de construcción del cementerio de la ciudad.

Hay que destacar también el torreón que mira hacia el paseo de los pinos ya, que en otro tiempo fue una de las puertas de la ciudad, concretamente la de Burgos. Tras la construcción del monasterio de monjas Bernardas en el siglo XVII, fue cegada, trasladándose la entrada a la ciudad al actual arco de San Bernardo.

En el interior del recinto amurallado encontramos la antigua Huerta del Obispo que sirve de lugar de descanso a numerosas cigüeñas. En otro tiempo, fue lugar de cultivo y recreo para la corte arzobispal y, en caso de enfrentamiento bélico, refugio de gran cantidad de población civil o militar.

Tenorio también reconstruyó, ampliándola, la llamada cerca de la villa, de la que apenas quedan hoy restos.

Sí se conocen los nombres de sus diversas puertas que, aunque no han llegado en su mayoría a nuestros días, si se conservan en la toponimia actual de la ciudad. Partiendo de la Puerta de Madrid, construida en el siglo XVIII, y siguiendo en sentido contrario al de las agujas del reloj éstas eran; la Puerta de Santa Ana (antes del Postigo), la Puerta del Vado, la Puerta de San Julián, la Puerta Nueva o del Teatro (llamada también de Tenerías Nuevas), la Puerta de Aguadores o de las Tenerías Viejas, la Puerta de Guadalajara o de los Mártires (ya que por ella entraron los restos de los Santos Niños), la Puerta de Santiago, la Puerta de la Judería y la Puerta de Burgos (luego sustituida en el cardenal Sandoval, en el siglo XVII, y actualmente todavía en pie, Puerta de San Bernardo).


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