Alcalá de Henares, lunes, 24 de septiembre de 2018

Fachada de la Universidad de Alcalá de Henares

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Veinticuatro años después de la muerte de Cisneros se empezará cumplir su profecía; "otros harán en piedra y mármol lo que yo he construído en barro". En 1537 se inician las obras de la fachada de la Universidad que serán terminadas en 1553.

El proyecto corre a cargo del arquitecto Rodríguez de Hontañón, arquitecto mayor de las catedrales de Salamanca y Toledo. La parte escultórica corresponde a Jerónimo Rodríguez, Antonio Sánchez, Alonso de Salcedo, Guillén de Juni, Ámese Guillén Ferrán y Juan de Hermosa, entre otros.

La fachada, realizada principalmente en piedra caliza de Tamajón (Guadalajara), está compuesta por tres cuerpos, el primero formado por una galería de arcos de medio punto, y tres calles verticales delimitadas por columnas y pilastras con grutescos. Además, dos alas laterales, de sólo dos cuerpos y cuyas alturas no coinciden con las del centro, completan la obra. De las cinco calles verticales, la central es la más rica en decoración.

La puerta, de arco adintelado con archivoltas planas en degradación y un cordón adintelado, está enmarcada por parejas de columnas de fustes estriados y capiteles derivados del corintio sobre alto plinto. En las enjutas hay sendos angelotes desnudos con guirnaldas. Y otros dos, en la clase, sostienen la leyenda "AÑO-1543".

A ambos lados de la portada, encontramos cuatro ventanas en cuyos frontones triangulares, y dentro de medallones, aparecen representados los padres de la Iglesia Católica (San Ambrosio, San Gregorio, San Jerónimo y San Agustín). Están cerrados por recias rejas forjadas por Pierre de Hayavera.

Aún hay otros dos ventanales en los extremos, situados a mayor altura, enmarcados por cariátides y con un enrejado que rematan las armas de Cisneros.

El segundo cuerpo también está delimitado por dos pares de columnas con fustes decorados. A cada lado de las más exteriores, dos titanes, realizados por Claudio de Arciniega, las sostienen.

En el centro tenemos un ventanal en cuyo frontispicio hay un medallón en el que aparece San Ildefonso, santo al que está consagrado el Colegio Mayor y patrono de los arzobispos de Toledo. A los lados, dos bellos blasones de Cisneros, escudo que tomó la Universidad como suyo propio.

A ambos lados del ventanal principal, encontramos otros dos en cuyos medallones, enmarcados por clípeos, están representados San Pedro y San Pablo, en cada uno y que sujetan respectivamente las llaves y la espada.

Completan este cuerpo dos ventanales más a cada extremo también enrejados y ricamente decorados.

En el tercer cuerpo, entre parejas de columnas, hay un escudo imperial de Carlos V, flanqueado por las columnas de Hércules y dos cruces de San Andrés.

En los intercolumnios se hallan dos figuras; Perseo con la medusa en su mano, y Andrómeda peinándose y sosteniendo un pájaro en su mano izquierda (ambas son obra de Nicolás Ribero).

Remata este cuerpo el frontón triangular en cuyo tímpano hay un busto del Padre Eterno en actitud de bendecir y con la bola del mundo en su mano izquierda. Esta escultura es la de mayor tamaño de la fachada y fue realizada en 1552 por el entallador salmantino Juan Guerra.

Festonean el frontón cuatro figuras humanas unidas por guirnaldas de frutas; las de la izquierda son dos varones, uno joven y otro viejo, y las derecha dos mujeres, también una joven y otra más vieja, en representación del paso del tiempo. Remata el frontón una gran cruz con el anagrama XPS en el centro.

Sobre los diez ventanales superiores aparece algunas reminiscencia del gótico: las gárgolas, esculpidas por Juan de Miera, en las que se mezclan diez fantasías animales y cuatro humanas.

En el vértice, los restos de una custodia, símbolo de Cristo, con lo que el conjunto nos podría recordar al Apocalipsis de San Juan cuando habla del final de los tiempos.

A la misma altura, una balaustrada con 12 antorchas que nos sugieren las lenguas de fuego de Pentecostés, símbolos del Espíritu Santo y, al mismo tiempo, imágenes del saber de la Cristiandad. También son finísimos los grutescos de las pilastras cantones.

La fachada está coronada por un sobrio balaustre con bellos florones, especialmente los que limitan el cuerpo central.


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