Alcalá de Henares, domingo, 24 de junio de 2018

Museo Cisterciense

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Dentro del Monasterio de San Bernardo y como complemento a su iglesia, encontramos el extraordinario Museo Cisterciense.

Este privilegiado espacio tiene sus salas en las zonas de las tribunas que rodean al templo y que fueron utilizadas por los obispos de Toledo y su corte durante sus estancias en el pegado Palacio Arzobispal.

Estas salas son un buen ejemplo de la rehabilitación del patrimonio cultural de la ciudad. Gracias a descubrimiento, en enero de 1997, de la escalera que las unía con el templo, se ha podido instalar en ellas la parte más importante del valioso legado atesorado por la clausura durante siglos.

A lo largo de las siete salas y el corredor que forman el Museo se muestran piezas de enorme valor.

Destaca el suntuoso sillón, decorado con pintura de oro y cristal de roca, que perteneció al fundador de la clausura, el cardenal don Bernardo de Sandoval y Rojas, Inquisidor General del Reino y ex colegial de la Complutense.

En nada desmerece tampoco el arca mandada realizar por Felipe II en honor de su padre, Carlos I. Una hermosa arqueta de plata labrada que, en 1977, se utilizó para el traslado de Cisneros desde el Palacio Episcopal de Madrid hasta La Magistral.

También merece la pena destacar las hermosas tallas barrocas policromadas y los lienzos de grandes dimensiones que cuelgan de sus paredes, así como los interesantes manuscritos, documentos y bulas papales que contiene.

Además, hay expuestos numerosas telas y elementos decorativos y artísticos que nos sirven para recrear el mundo religiosos de los siglos XVII y XVIII.

Mención aparte merece el ejemplar facsímil de la Biblia Complutense que en sus salas acoge. Una de las obras más importantes realizadas en nuestro país y que fue realizada por orden del cardenal Cisneros.

Una de las partes más interesantes de este museo es la dedicada a la recreación del funeral del fundador de la clausura. En ella se intenta reflejar, lo más fielmente posible, como eran este tipo de ceremonias en España en el siglo XVII.

En la estancia hay colocado, sobre un túmulo, un magnífico catafalco o manto funerario, realizado con hilo de oro y plata, sedas y terciopelo negro. También se puede contemplar un bello Cristo en la cruz de esta misma época y de autor desconocido. Aunque quizás uno delos elementos más importantes de la sala sea la recuperación de la antigua puerta que unía el lugar con el ya antes mencionado Palacio Arzobispal.

Al final del corredor se llega a la cocina y a la celda. La primera, castellana y popular, con su chimenea de lumbre alta y sus enseres y aperos. La segunda, homenaje a todas las mujeres que han dedicado su vida a la clausura cisterciense, compuesta, en su sencillez, por muebles y objetos originales de los siglos XVII, XVIII y XIX; un arca, un catre, el calientacamas, hábitos, libros de rezos...


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