Alcalá de Henares, sábado, 18 de noviembre de 2017

Iglesia Magistral

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En el llamado Campus Laudabilem, donde, en tiempos visigóticos (sobre el 414 d. J.C.), encontró Astúrico los restos de los Santos Niños, hizo éste construir una capilla donde guardar y poder venerar las preciadas reliquias.

En 1122, se erige una parroquia constituyéndose este punto como centro urbano a partir del cual se desarrollará la villa medieval.

Posteriormente, y seguramente tras no pocas reconstrucciones, se levantaría una iglesia mudéjar de nave única que a finales del siglo XV, en tiempos del arzobispo Carrillo, alcanzó la categoría de Colegiata. Llegamos así a los tiempos de Cisneros cuya primera obra de envergadura acometida en Alcalá de Henares será, precisamente, la reconstrucción de esta colegiata que amenazaba ruina. Las obras duraron de 1497 a 1514 y el proyecto se inspiró en la catedral de Toledo. La obra la dirigió Pedro Gumiel.

La portada principal se abre en el hastial de poniente y es de estilo isabelino. Está enmarcada por dos pilastras gótico-floridas y un alfiz con resalte rectangular. Bajo él, un arco trilobulado protege un medallón en el que se representa la imposición de la casulla a San Ildefonso, entre dos escudo de Cisneros.

En el intradós del arco, el cordón franciscano y una bella cenefa renacentista.

Los muros exteriores están cubiertos por un esgrafiado de influencia segoviana.

En el muro septentrional encontramos otra portadilla gótica de arco conopial rematado por una gran cruz. Adosado al muro meridional está el severo claustro herreriano del siglo XVII, con arquerías de medio punto entre pilastras de sillería. Sus crujías están alfombradas con lápidas de canónigos y beneficiarios de los siglos XVII al XIX. Terminado de construir hacia 1614, se puede atribuir a la escuela arquitectónica de los Mora. Frente al claustro, sobre el estrado recientemente instalado, podemos apreciar la lápida sepulcral de Cisneros.

A través del claustro se accede a la Sala Capitular, que en tiempos estuvo decorada con frescos de A. Nardi, y a la Biblioteca. El conjunto es, en la actualidad, el Museo catedralicio.

Pero si algo destaca desde el exterior es por su airosa y ligeramente inclinada torre. Construida en tres fases, el cuerpo inferior es obra de Rodrigo Gil de Hontañón, continuada por el Maestro Argüello y rematada, a principios del Siglo XVII, por Nicolás Vergara el Mozo mediante el campanario y el estilizado chapitel de pizarra. Por el interior de la torre discurre una interesante escalera helicoidal.

El interior del templo es de cruz latina con tres naves y girola y está cubierta de bóvedas de terceletes con florones en las claves. En la girola se alternan los tramos rectangulares y triangulares. Las bóvedas descansan sobre pilastras góticas decoradas con cardinas.

En medio de la nave central estaría el coro (del que sólo se ha salvado la reja) que fue destruido en un incendio sufrido durante la Guerra Civil en el que se perdieron, además, numerosas obras de arte, entre ellas, el retablo mayor.

La Capilla Mayor está cerrada en tres de sus lados por espléndidas rejas gótico-mudéjar realizadas por el maestro Juan Francés.

Del presbiterio llama la atención la falta del retablo mayor. Rodea éste la sillería gótica, sencilla y franciscana, compuesta por cinco de las sillas que se salvaron del primitivo del coro y otras idénticas realizadas posteriormente. Destacar el dosel de cordón franciscano y la mesa del altar que, tras la canonización de San Diego de Alcalá, fue regalada por el Papa Sixto V a Felipe II. Preside el conjunto una preciosa talla gótica de la Virgen (siglo XV), conocida como la Virgen de Cisneros. Destacar también un grupo de los Santos Niños y un crucificado, talla moderna que en su momento fue Premio Nacional de Escultura y que en principio estaba destinado a presidir la Basílica del Valle de los Caídos.

Bajo la Capilla Mayor se encuentra la Cripta de los Santos Niños, en el mismo lugar donde estaba la primitiva ermita de Astúrico. Se accede a ella, desde la girola, a través de dos portadas barrocas, con sendos bajorelieves en los que se representa el Martirio de los Santos Niños. Cubierta con bóveda elíptica, en ella se encuentra la piedra martirial y una urna de plata, realizada por los hermanos Zureno en 1702, donde se conservan parte de los restos de los patronos de Alcalá. En las hornacinas laterales, dos tallas de los Santos Justo y Pastor y una variada colección de relicarios, entre los que sobresalen los dedicados a San Félix de Alcalá.

En la Nave del Evangelio tan sólo ha quedado una capilla lateral, enmarcada por el arco de la antigua de los Contreras, procedente del derribo del convento de Santa María de Jesús o de San Diego.

En la Nave de la Epístola se abren varias capillas adosadas;
La Capilla del Ecce Homo que, al estar situada bajo la torre, presenta un aspecto de mayor robustez que no consigue aligerar una sencilla portada rematada en frontón triangular.

La Capilla de la Virgen del Val, dedicada a la Patrona de Alcalá, Alcaldesa Perpetua de su Ayuntamiento y Doctora Honorífica de la Universidad, tal y como muestran las dos medallas que lleva

prendidas en el manto. La actual figura de la Virgen es una réplica de la original de alabastro del S.XIII, destruida durante el incendio. Es especialmente interesante el arco de yeserías, de estilo plateresco, y la reja en el mismo estilo.

La Parroquia de San Pedro, que constituye una iglesia dentro de otra. Levantada en 1622, destaca su portada de granito en estilo herreriano y en su interior la sencilla arquitectura barroca cubierta por cúpula de media naranja. En un lateral se abre una interesante portada, obra de Rodrigo Gil de Hontañón, que corresponde con la entrada a la escalera de la torre.

La Capilla de San Diego de Alcalá, mandada construir por Enrique IV en agradecimiento a una milagrosa curación. El monarca también regaló una urna para albergar su cuerpo. La actual urna es obra del platero toledano Rafael González y está fechada en 1658. Justo encima de ella tenemos un notable lienzo, atribuido a la escuela de Murillo, en el que se representa el Milagro de la Rosas.

La Capilla de Santa María la Rica, Cerrada con una notable reja de 1752, hoy en día se destina a la veneración de Nuestra Señora de la Cabeza.

La Capilla del Cristo de la Agonía, capilla mudéjar que sirve de acceso al Claustro. Está cubierta por una interesante techumbre de yeserías que imita las líneas de un artesonado de madera.
A su lado se abre la pequeña Capilla del Sagrario.

Única en el mundo con el título de Magistral junto con la Iglesia de San Pedro de Lovaina (en Bélgica). Este privilegio fue solicitado por el Cardenal Cisneros, en 1516, por recomendación de Adriano de Utrecht, futuro Papa Adriano VI, quien ya lo había conseguido anteriormente para su iglesia flamenca, en 1991, alcanza la categoría de Catedral al reinstaurarse el Episcopado Complutense.
En la actualidad se sigue restaurando aunque puede visitarse sin ningún problema.


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